“La calle está casi desierta, a causa del frío, o de la hora, o de los tiempos que corren probablemente. Los habitantes de la ciudad, conscientes de la amenaza que representan aquellos por los que pretenden sentirse protegidos, me dejan la noche libre, para atravesarla a mis anchas. El aire frío en mi cara -las manos están ahora al abrigo en los bolsillos del sobretodo, el brazo izquierdo apretado contra el costado izquierdo para sostener la carpeta amarilla- pone todo de golpe otra vez en el campo ordinario de mis percepciones, de modo que estoy de nuevo en el mundo conocido hecho de memoria, de olvido, de vaguedad, de somnolencia.
En lugar de cielo hay letreros luminosos, artefactos ya viejos que pasan de moda en el momento mismo de su instalación, parpadeando signos convencionales de colores, escritura de neón irrisoria y repetitiva que trata de entrecortar la negrura siniestra de la ciudad tirada en el espacio indiferente, flotando entre las calles rectas y sin gracia y el cielo nublado en el que no son visibles, desde hace días, ni sol, ni luna, ni ninguna estrella”.
Fragmento, “Lo imborrable“, JJS.
-Onetti dijo: la literatura es mentir bien la verdad…
Si, es una linda manera de describir la paradoja de la ficción. Onetti ha reflexionado sobre la ficción en sus propios libros a pesar de que no escribía ensayos y por ahí salía con una guarangada cuando hablaban de crítica, sin embargo cuando leemos sus libros, particularmente La vida breve o El astillero vemos que hay una profunda reflexión sobre el alcance del relato, de la ficción, de la representación, en ese sentido La vida breve es un libro totalmente pionero y novedoso no solamente en la lengua española, yo casi diría del siglo XX, ese tratamiento de ficciones superpuestas, una dentro de la otra como una especie de cajas chinas, eso solo se encuentra en el renacimiento, en el barroco. Esa frase me parece excelente, es una manera que tiene Onetti de resumir esa paradoja que es la paradoja de la ficción. Yo siempre digo que las razones por las que creemos en una ficción son idénticas a las que creemos en un Dios, creemos en un Dios porque su existencia le da un sentido al mundo, le da una estructura, y la ficción hace lo mismo, estructura el mundo, un mundo que está hecho a base de experiencias inconexas, fragmentarias, dispersas, la ficción las reúne en un modelo que no significa sino que irradia un sentido múltiple, como que tornasola, como que el sentido está ahí, lo intuimos y de pronto se apaga, de pronto reaparece, de pronto deslumbra, hay una luz fluctuante, la lucidez y la luz vienen de la misma raíz, la lucidez mental y la luz que nos alumbra, eso es la ficción, exactamente lo mismo que pasa cuando creemos en Dios, le da un sentido al mundo , una finalidad… yo prefiero creer más en las ficciones que en Dios. Pero respeto las creencias si no me la quieren imponer.
-Usted es un hombre que trabaja con palabras, si tuviera que elegir una, ¿cuál sería?
Se me ocurrió una, y tal vez esa palabra le dé un sentido a muchas cosas de mi vida, se me acaba de ocurrir en este momento, la palabra es agua, de pronto me doy cuenta que mis dos hijos, que tiene diez años de diferencia, la primera palabra que dijeron fue agua, pero la dijeron en italiano los dos o en latín aqua. También porque yo soy asmático y estoy todo el tiempo dándome aire, y el agua es el primer elemento que se dispone para calmar esa deficiencia de la oralidad, pero al mismo tiempo se transforma en una especie de metonimia de todo aquello que pasa por la boca. Eso podría definir bastante mi vida, si nos ponemos a pensar en todo lo que pasa por la boca y todas las cosas que hacemos con la boca y como el agua está presente en todo eso.
-Usted propone un mapa de lecturas, Di Benedetto, Juan L. Ortiz…
Mi próximo artículo será sobre Juan L. Ortiz, -porque yo escribo artículos en los diarios para ganarme la vida- se cumplieron veinticinco años de su muerte y por primera vez tengo la total convicción – digo por primera vez porque me he separado afectivamente de él después de su muerte y he podido verlo objetivamente- tengo la total convicción de que Juan L. Ortiz es el más grande poeta argentino del siglo XX sin la menor duda, sólo podemos equipararlo con Lugones o con Borges. La lección extraordinaria de Juan L. Ortiz es que es el antimercado por excelencia y sin embargo se ha impuesto como un hito esencial de la literatura argentina, iría mucho más lejos y hablaría de la lengua española. Si uno empieza a ver la historia de la literatura argentina – y río platense- vemos que a partir del siglo XIX se confunde con la literatura de la lengua española, es obvio que decir que Juan L. Ortiz es el más grande poeta no es posible porque hay poetas tan grandes o más que él, como Cesar Vallejo, Pablo Neruda, el mismo Juan L Ortiz dijo que Cesar Vallejo es el más grande poeta de lengua española del siglo XX, y no quisiera contradecirlo.
-Insisto ¿por qué esos autores? ¿para compartirlos? ¿para sacarlos del ocultamiento?
-También hay una guerra… estética, que debe resolverse. Un conflicto que debe resolverse, creo que la teoría más idiota que ha sido forjada por la crítica en los últimos años es la teoría del canon, porque parece una cosa fija, además es disparatado el canon del señor Bloom porque… en fin, no vale la pena entrar en detalles.
-En toda su obra hay una imagen muy fuerte de la amistad, está muy presente en sus libros, hay relaciones muy fuertes entre sus personajes…
-Yo valoro mucho la amistad, incluso en las relaciones amorosas también, porque las relaciones amorosas no bastan con que sean pasionales, también tiene que haber amistad en ellas, porque es una manera de hacerla durar y pasar por diferentes etapas. También tengo una relación de amistad con mis hijos. La amistad es esa relación de equilibrio que se establece entre dos personas de cualquier sexo en la cual prevalecen menos los instintos de posesión, nos da la capacidad de vivir afectuosamente esa relación pero en un clima de libertad mutua, de crédito, de confianza. Con mis buenos amigos nos divertimos mucho a costa de nosotros mismos también. Las teorías sobre la espiritualidad, el amor y la amistad, a pesar de que yo tengo una posición materialista muy marcada, casi deliberada, no son totalmente equivocadas. Evidentemente el amor y la amistad pueden ser misterios en el sentido religioso del término. Porque de esta horda salvaje, violenta, sangrante, carnívora, destructora, de pronto aparecen esas flores que salen como de la podredumbre, del pantano, esas flores frágiles, delicadas, que son el amor y la amistad. Podríamos atribuirle a ellas un origen divino, podemos concebirlas como un misterio, no rechazo esa idea, no la desprecio, pero no la uso para mí, yo prefiero concebirla mejor como una de las tantas posibilidades a las que el hombre y los animales – recuerden el Martín Fierro: aprendan de la cigüeña este gesto de ternura- pero también el cocodrilo se come a sus hijos, y muchos humanos también los devoran de manera simbólica y en algunos casos, totalmente literal.

-A José Saramago le preguntaron en una entrevista en Buenos Aires si había imaginado un epitafio y respondió: aquí yace, indignado, José Saramago. ¿Pensó en alguno usted?
-(Risas) No, por ahora no, Saramago estará más cerca… de todos modos yo no quiero tener tumba ni epitafio, quiero ser quemado y que mis cenizas sean dispersas dónde quieran, las pueden tirar a la basura si quieren, no porque piense que no valgo nada, sino que en cualquier lugar donde las tiren van a retomar la molienda universal de la materia y algún día volveré a este mundo, quizás, según la teoría del eterno retorno de Nietzsche, pero esta vez transformado en Paulo Coelho, lleno de dinero (risas)*.
*Entrevista a Juan José Saer . “Con el agua en la boca”, por Andrea Stefanoni y Damián Lapunzina. Radiomontaje. Argentina, diciembre del 2003.
Mlt.
















